viernes, 4 de junio de 2021

UN ENCUENTRO

¿Qué es aquello que tenemos que conocer para conocernos a nosotros mismos?
Me pasa de pronto que... en medio del bullicio me detengo por un momento y siento que no es mi vida, que mis ojos no son los que miran, que mis manos no son las que tocan, como si de una película se tratara; son los momentos en los que mejor puedo meditar porque toda consecuencia en retrospectiva te sitúa en cierto escenario, así como a todos los demás actores, esos que comparten el momento. ¿Por qué estás ahí? Y, ¿Por qué están ahí contigo?
Me hace pensar que quizá el futuro no este determinado, pero la forma en que lo veremos llegar puede que sí, es decir, el fin (finalidad) de nuestra historia personal, todo depende de cuantos escenarios pasen o no desapercibidos, si muchos pasan, el futuro vendrá y no sabremos cómo reaccionar, quizá nunca llegue porque no sabremos quienes somos.
¿Quién está narrando tu historia? A veces creo que encontrarnos a nosotros mismos, es decir, la búsqueda de la identidad, solo consiste en palpitar al unísono con la historia que se te entrego (el entorno), y que cada verdad y creencia se suma a la frecuencia precisa para entrar en resonancia (la ética viene después), la cuestión es como ir liando los acontecimientos, ¿Cómo volverlos significativos?... como esas personas a las que les gusta el olor del cemento fresco, que disfruta con vigor del viento o del tacto con la arena, pero nunca se ha cuestionado porqué. Fuera de las convenciones, los sentidos están presentes y cada experiencia imperceptible genera encuentros, emociones y pasiones personales en ese orden, y si las viéramos de frente, ¿No sería una forma de relatar mejor el cuento?, y no sería por sí mismo ese el sentido de la vida? las emociones en un continuo desarrollo como motor perpetuo
Eso me recuerda a los que hablan del tiempo o el trabajo con severidad (y con pruebas), pero y.… que son el tiempo y el trabajo sin un encuentro constante con una motivación, y sin asentir la correlación de los objetos(objetivos) con las emociones y las experiencias pasadas, Picasso decía que hay que trabajar arduamente para que las musas te encuentren trabajando, ¿Qué es la dedicación si no la espera de un encuentro? Un clic, una confirmación del universo, como lo quieran llamar, ¿No es lo más maravilloso del mundo?, y… ¿no es ahí en donde somos todos iguales? Más allá de la razón que no contempla nuestro sentir; las tesis y los métodos, ¿sus notas finales (y su proceso) no son acaso un encuentro también?
Qué define el sentido de una ciencia, si no la voluntad de las pasiones por hallarse en la razón, y que es la duda sino la semilla del encuentro, y finalmente, ¿no es acaso la identidad en todas las emociones, las experiencias y las narrativas propias, lo único que depende de nosotros? ¿Y no es entonces la pasión la base empírica del conocimiento racional y lo que propicia la acción?
Me gustaría ejemplificar, o intentar ejemplificar lo dicho, con una experiencia propia reciente:
La música Soul para mí es muy intensa, en dos sentidos, primero en el sentido de que está llena de incertidumbre y de dudas en sus letras algo que es considerablemente empático a un sinfín de momentos en la vida, y el segundo lado, la música; la incorporación de las orquestas, las percusiones y ese conjunto instrumental que lo dota de un sentido abstracto y real muy emocionante, por otro lado y a lo que voy con el ejemplo es que después de leer el contexto histórico en el que se desarrolla el género, me cautivo, (Es un escenario sobre parte fundamental de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos en Estados Unidos) entonces comencé a relacionar los sucesos con la música, en su sentido de representación y su sentido abstracto (emotivo por sí mismo), y como eso congeniaba perfectamente, con su contexto. Mi nueva impresión estaba dotada de una emoción más fiel a la narrativa de las canciones (ahora pienso que “Whats going On” de Marvin Gate y es absolutamente maravillosa), consecuencia de la empatía a los acontecimientos y como eso se liga de alguna forma a mi vida también, a mi propia narrativa… además las diversas historias definen la ausencia de un sinfín de experiencias que yo he tenido (o no) a través del entorno(de los objetos), sin la necesidad de estar realmente involucrado en la escena( libre de interpretación), puedo definir los sucesos también a través de la materialidad al dotarla de emotividad. (Kundera explica bien el concepto de empatía a través de la compasión)
No estoy tratando de decir que cada escena de la vida deba ser meditada, pensada y estructurada, (caeríamos en la contemplación) sino simplemente atender más a nuestra intuición, de vez en cuando dotar de carácter a los momentos cotidianos, a emocionarse a través de sentir, a esperar esos encuentros, quizá inesperados, buscarlos…puede que estén en cualquier lugar, que no tiene que referirse precisamente a las grandes obras de arte o de lo que todos siempre esperan lo mejor, ser humildes en ese sentido, quizá estén escondidos y aún no los vemos porque no hemos mirado alrededor.(el entorno, entender la escena completa), eso incluye a las personas, por que las personas también somos parte de ese flujo universal de energía y significados (es por eso mismo que también somos vulnerables y por lo que nos volvimos un medio de producción y consumo objetivado),
Quizá si existe tal reconocimiento, podemos darle más sentido a la experiencia estética de la vida en general y tengamos las herramientas para dotar con más precisión de significado a las cosas y tener más convicción sobre lo que hacemos en nuestra vida, motivaciones, identidad, dice Bernard Rudofsky en “arquitectura sin arquitectos” que la verdadera razón por la que vamos de vacaciones es porque el cuerpo nos pide estar cerca de la naturaleza, que es un impulso sensorial y vital, ¿Qué es la calidad de vida? ¿Que son las cosas verdaderamente indispensables?, y ¿Cómo nos afecta emocionalmente?
Entonces puede que la ética será una convención sobre el cómo experimentamos la vida y como es de un valor inconmensurable, motivo por el cual nos preocuparemos por el otro, “bien y hermosamente”…
Somos vulnerables, y por ello carentes continuamente de cosas innecesarias porque el hedonismo nos ha anestesiado explícitamente a través de sin fin de recursos retóricos, algunos de ellos se han institucionalizado, se han vuelto dueños de nuestro cuerpo, de nuestras emociones y de nuestra forma de experimentar el mundo, y desgraciadamente no tenemos a la mano las herramientas para darle fin, dado que las han puesto lejos. Si hemos de carecer es de conocimiento y vitalidad, la incertidumbre es natural y constante en la vida, una sístole y diástole con una narrativa ondulante y continua, integral con cada nueva experiencia que es por si misma cualitativa. Tampoco quiero sonar austero en relación a los placeres de la vida, solo hay que contemplar el fin y no simplemente permanecer en el medio, y menos en lo inmediato.
Y bueno, yo en realidad quería hablar de arquitectura, estas indagaciones surgen de una serie de autores, muchos de ellos teóricos de la arquitectura, como Tchumi, Pallasma, Venturi, que si bien no se “estructuran” a partir de la escuela pragmática, dependen en gran medida de la semiótica, creo que si bien tiene una aplicación en la arquitectura como metodología en determinado caso de estudio y como parte de condicionantes de diseño, no debe asimilarse simplemente como un código de diseño, es decir, crear narrativas dentro de posibles escenarios en un “edificio” a partir de una estructura conceptual, sino que se debe ampliarse en términos de la experiencia humana en general para entender mejor el concepto de “habitar”. La arquitectura tiene eso de especial, que estamos inmersos en ella. Por siglos la realidad construida (tangible) ha sido y aún es una construcción mental esquizofrénica y simbólica de la que dependemos corporalmente y sensorialmente, cuando en gran medida parten de discursos de poder. No solo es conceptual, es físico, por tanto la forma en la que interactuamos con los objetos(con todos los objetos), no solo los de la naturaleza, son un fluido de ideas y energía, la bolsa de mandado, la colcha, la puerta o cualquier objeto reconocible tiene una singular vida, que no implica que respire, sino que su forma de interactuar con nosotros es mucho más amplia de lo que creemos, en el caso de la arquitectura podemos referirnos al contenido de un muro, un techo o cualquier elemento propio de la arquitectura(o no) sin que este se fundamente en su carácter conceptual o simbólico.
Por ahí hay un texto que sí bien ya andas por aquí puedo recomendarte, que se llama “la imagen como símbolo o como presencia” que de alguna forma resuelve el conflicto entre lo “real” y lo “simbólico” al decir que lo abstracto en lo real puede comunicarse en un sentido puramente estético, pero no como parte de lenguaje y por tanto no estructural, ¿Será acaso ese el genio del que habla Kant? El poeta…¿El que arquitecto según Valery? No lo sé
El caso es que…desde mi pensar de la filosofía, como reconocible en un acto o una acción, me parece acertado juntar la idea de la narrativa, con la Ética, que si bien me gustaría continuar con esa primera idea que tuve al respecto, me gustaría investigar si alguien a hablado del tema, para esto encontré algo llamado “vocabulario de reflexión moral” de Richard Rorty que justo habla de la formación de la identidad moral mediante la construcción de narrativas, “relatos acerca de nosotros mismos como mecanismos descentrados, en la que se incluyen nuestras creencias, deseos, expectativas y simpatías.” Pero, en fin.
Una última idea: ¿Es el trabajo el sentido de todas las cosas, lo que dota a los objetos de alma, y en su acción se construye la ética y el bien estar humano?