La tercera guerra mundial comenzó hace años…
Fue algo que fuimos acumulando poco a poco y con lo que empezamos a luchar casi inmediatamente de que comenzó, solo que hasta hace poco nos hemos dado cuenta, y aún así seguimos sin dar pie a la guerra verdadera.
Por un lado, aquellos hombres que antes de ir a la guerra han muerto ya, ¿Cómo? Han hecho del año un mes, del mes un día y del día una hora, y hora tras hora pesa si no está en ella algún placer sensual, cautivador del cuerpo inconsciente, un cuerpo que arde en llamas cada segundo, y se ha gastado todos los nervios. Hombre carnal, sediento, adolorido y frágil que cae a la primera incitación. Ha confundido la intensidad con la pasión, fue engañado desde el primer intento de libertad.
Por otro lado, aquel que ha estado en la guerra desde antes de que comenzará, pero ausente, como una bala perdida ¿Cómo? Ha inventado en su mente una guerra pues para él todo es posible, no responde a la inmediatez, por el contrario, recrea la realidad y la corporeidad, se reitera constantemente que la vida no es tan simple, si bien encuentra la pasión su andar melancólico vive bajo el yugo del vació, pues en la hoja blanca están todas las posibilidades y ninguna.
Un caso en el que se envuelven ambos hombres es en los “honores” y en “el tren de la vida” donde se es sin ser, por temor a ser sí mismo, uno envidia los placeres con la piel y el otro la felicidad con su mente (pues la felicidad es pasión). El rasgo está en la ferviente admiración o descalificación del otro, a veces comparando, otras simplemente señalando o calificando.
¡Dictaminando leyes! ¡Enjuiciando personas! ¡Verdad! ¡Bien común!
Ser capaz de mirarse profundamente al espejo posibilita la belleza (o mirarse a uno profundamente a través de alguien más), el bien. La correspondencia entre cuerpo y alma.
La lista de seleccionados está vacía:
Los que disfrazan el racismo con el “crimen”
Los que disfrazan el clasismo con la “intelectualidad”
Los que disfrazan el especismo con la “evolución”
Los que disfrazan el machismo con senos falsos
Los que disfrazan el dolor con simulacros, esos que dan limosna y no miran a los ojos, desgraciados
Los que compran “verde” y tiran gris
Los que creen en las estadísticas, en las cifras, o cualquier cosa que pueda justificar su comportamiento o sus acciones
Los que creen solo en las palabras y los que creen solo en las acciones.
Los que lloran a medias, los que ansían, los que no pueden gritar.
Los que confundieron el progreso científico con el cielo sin entender la poesía
Los que confunden el futuro con el pasado
Los que confunden compasión con empatía.
“De todos los hombres hoy aquí presentes ¿Quién tiene voluntad? ¿Quién ha amado de verdad?”